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A falta de pan...
... buenas son tortas. A falta de un plan, buenos son 14. Este fin de semana Gilda se calza el vestido de persona sociable y acude a los dos mil quinientos planes que tiene. Esta noche cumpleaños y fiestas a tutiplein, que digo yo, no tendrán fines de semana para hacerlas que las concentran todas en un mismo día. Y mañana tres cuartos de lo mismo, una fiesta de inauguración y otra de cumpleaños. Una no da a pa' más.
La semana está siendo un auténtico asco. Palabras feas, gente fuera de tono y llamadas que no llegan y que, cuando llegan, no te hacen demasiada gracia.
Llevo perdidos dos capítulos de Anatomía de Grey por culpa de mis horarios y mis estados de ánimo. Espero que todo remonte con las fiestas varias. Y que proliferen los chicos guapos en todas partes, que Madrid está lleno de cardos (y pa los guapos que conoces, o son gays o no te hacen caso).
Más reportes en breve. A cuidarse y a disfrutar.
B-b-b-baby
Efectivamente, el fin de semana ha sido una locura. Me lo he pasado corriendo de un lugar a otro y juergueándome de malas maneras. A pesar de todo, mi cuerpo siempre me pasa unas facturas estupendas y esta vez le ha dado por el insomnio, así que casi no he podido dormir.
El viernes fui al cumpleaños de mi amiga la que canta, y después a una fiesta en uno de los garitos de Madrid donde se reúne cada noche lo mejor de cada cárcel. Muerta estaba y a las 5 de la mañana logré emigrar a mi hogar, donde caí redonda en la cama sin más.
El sábado intenté no dormirme pero no pude evitarlo y a mis amigos les tocó bajar de la estación a mi casa, así que los recibimientos pertinentes tuvieron lugar ya en mi humilde morada. Y otra vez a correr: comida fuera, compra de regalos de cumpleaños de última hora y reencuentro con el murciano que había decidido venir a Madrid de visita.
Y ponte a arreglarte, elige tu vestimenta y píntate el morro para salir volando a la fiesta de cumpleaños de otra amiga. Ya sabéis, cinco mil personas en el estupendo salón de mi amiga L. comiendo y bebiendo como si aquello fuera la última cena. Yo como últimamente ni como ni duermo casi no probé bocado, pero lo que probé estaba muy rico.
Después al Palacio de Gaviria (¿se escibe así?). Fue la primera vez que iba y creo que va a ser la última: millones de euros por entrar, camareras medio lerdas y sudores mil por la cantidad de gente hacinada. La cosa se desmandó bastante y entre chicos guapos, amigas petardas y maletendidos varios... me fui a casa con lo puesto a las siete (largas) de la mañana. Cógete el autobús y vuelve a casa. Mi Chir se me durmió en los brazos, pero yo, como no tengo sueño, pues seguí despierta hasta que llegamos a casa.
Ayer un día feo, como todos los domingos. Encerramientos en casa y pocas (muy pocas) palabras. Yo estaba en estado taquicárdico y, como no había dormido, me dediqué a limpiar, arreglar zapatos, cambiar sábanas y hablar por teléfono, con lo que me encanta a mí comunicar todo lo que pasa por mi vida.
Por la noche tuve que drograme para recuperar el sueño, y al menos, creo que podido dormir unas 5 horas del tirón. Todo un record.
¡Que tengáis una buena semana!
Abriendo la boca
Mi osteópata me dice que que me salen tantas cosas malas porque me guardo dentro las frustraciones. A mi me entran dudas, porque creo que soy una de esas personas que les gusta comunicar cualquier mínimo detalle que suceda en su vida. Tal vez me contradiga a mí misma y por ello me duele el cuerpo.
A veces me pierde la boquita que tengo. Que me enciendo y ya no hay quien me pare. Que no soy de esas que se paran a pensar sobre las consecuencias de sus palabras. Cuántas veces le habré dicho a mi hermana que dejara de hablarme para el resto de sus días, cuántas veces habré dicho cosas que me tenía que haber guardado para mis profundidades...
A pesar de todo (de que a veces me deje llevar por el calentón) creo que una de mis virtudes (le pese a quien le pese) es que no me gusta jugar al escondite. Que lo que ves, es lo que hay. Sin más. Si te digo que quiero eso, es que quiero eso. Si me haces daño te lo digo, si te quiero con locura también serás el primero en saberlo. Si necesito que alguien me ayude con mi bipolarismo crónico... seguramente lo grite a los cuatro vientos.
Por eso estoy triste ahora, porque mi mente (como bien me dice mi médica favorita) me ha bloqueado el cuerpo, las palabras y el alma. Y esto tiene que cambiar. Y si tengo que abandonar algunas cosas... me tendré que liar la manta a la cabeza y hacerlo.
Yo confieso
Salgo de fiesta para olvidar mis penas.
Me siento sola aún cuando estoy rodeada de gente.
Ultimamente me molesta hasta que me tosan.
No comprendo que la gente no me quiera como yo les quiero a ellos.
Cada mañana lloro como si tuviera seis años
porque no quiero "ir al cole".
El sueño me ha abandonado.
Estoy triste el 80% del tiempo.
Me gustaría vivir eternamente puesta de valium... al menos así el mundo sería más tranquilo.
Creo que necesito unas vacaciones... unas largas vacaciones.
Mayoría de edad
Últimamente parece que la relación mi prima pequeña va bastante bien. No es que seamos amigas del alma, pero la adoro y me encanta que me cuente sus movida típicas de adolescente. Básicamente porque yo con su edad era igual, y como de vez en cuando tengo reminiscencias de la edad del pavo, ella me entiende a la perfección.
Somos iguales para algunas cosas, porque yo para ciertos temas maduré mucho antes, mientras que para otros seguí siendo una niñata hasta hace bien poco. Ya sabéis, estrés post-traumático relacionado con haber estado a punto de palmarla.
Nadie te dice que madurar va a implicar algún que otro sufrimiento inesperado. Además de tener que mirar mi cuenta bancaria más amenudo de lo que lo hacía cuando vivía con mis padres, empiezan a suceder cosas a mi alrededor que no me pasaban cuando tenía 15 años.
Llevo una semana que no gano para sustos. El domingo me entero de que un compi del instituto está grave en el hospital por una movida que no tendría que haberle pasado ahora. El lunes una compañera de trabajo tuvo un accidente, nada grave, pero asustarme me asustó (es mi compi favorita). Y hoy me he enterado de que una profesora de mi instituto a la cual a le tenía un cariño inmenso (era una gran profesora) se ha muerto de cáncer. Me he enterado hace un rato, y oye, se me han saltado las lágrimas sin yo quererlo.
Que asco da hacerse mayor.
Enamórese usted de una loca
Mis altibajos emocionales siguen su curso, y este fin de semana me he vuelto a volver loca y he pasado de la fiesta suprema (gracias a todos los que habéis compartido conmigo unas juergas estupendas; gracias, gracias) a la depresión dominguera más maravillosa.
Creo que no tengo remedio y me he resistido a la tentación de encontrarme algo mejor, así que si me tengo que deprimir, que coño, hagámoslo cual diva divina y dejadme que me suma en la depresión hasta las últimas consecuencias.
Como no soy de muchos vicios, no voy a darme al alcohol ni a la coca, pero me voy a liar la manta a la cabeza, y veremos si me decido a salir mañana de la cama. Y que mejor que cuando peor esté, decida volverme la cabrona más grande del universo y empezar a dar por saco a todos. Que vivan las madrastras y las brujas.

G day
Podría decirse que hoy, a pesar de la lluvia y del frío, empieza mi primavera. Hablaremos en otro momento de estos temas y estas cosas.
El pasado fin de semana me escapé a Pucela con Ña y fueron unos días llenos de risas y de mocos. La gripe decidió atacarme el viernes por la mañana y el sábado pensaba que iba a morir por fallo respiratorio, pero al final no se dió el caso. Nos juergueamos lo que mis mocos me dejaron y la noche del viernes transcurrió entre Misters y politécnicos, con Ña, Chir, Gem y yo dándolo todo. Mi mente tiene capacidades ocultas para crear historias inverosímiles sobre mi nombre, mi estado civil y mi descendencia, cosa que sin duda divertía enormemente a Ña, que sabía salir del paso diciendo que era la tía de mi retoño y que su novio y mi marido estaban en casa cuidando de él mientras jugaban al Pro.
Eso sí, me he vuelto a Madrid pero he dejado todos mis viruses esparcidos por las tierras del Pisuerga y a todos mis amigos acordándose de toda mi familia por la gracia que les hace compartir mis mocos.
Para el recuerdo quedan aquellos dos tipos faltos de higiene que nos habían acompañado en el tren hasta casi nuestra parada, las partidas de parchís a las 7 de la mañana del sábado y los paseos por Valladolid y las fotos con estatuas del domingo. Gran finde, desde luego.
A cuidarse.